La primera red social: historia de las tarjetas de visita

Tras siglos de presentaciones, todavía hay nuevas maneras de saludar.

Antes de poder enviar mensajes directos a alguien o una solicitud por LinkedIn, las presentaciones se hacían en papel. Internet nos ha proporcionado muchas nuevas maneras de saludar, pero no ha conseguido acabar con la Tarjeta de Visita.

La idea de presentarte por tu nombre tiene una larga historia. Los materiales han cambiado, pero entregar a alguien algo para que te recuerde sigue conservando su atractivo.

Este pequeño rectángulo lleva casi dos milenios intercambiando manos, porque la gente sigue queriendo conocerse en persona y marcharse con algo físico que recuerde la ocasión.

¿Qué es entonces lo que hace que merezca la pena conservar una Tarjeta de Visita? A continuación, repasamos la evolución de un pequeño objeto con un propósito notablemente sociable, de las tarjetas de visita de madera de la antigua China a los papeles con textura y los códigos QR.

Puntos clave

  • Entre los primeros antepasados de la Tarjeta de Visita se encuentran las tarjetas de madera que se utilizaban en China en el siglo III.
  • En los siglos XVIII y XIX, las tarjetas eran tanto un ritual social como un colorido fragmento publicitario que la gente coleccionaba e intercambiaba.
  • En los 80, la autoedición puso el diseño al alcance de más gente, y las direcciones de email y las páginas web se incorporaron a la tarjeta.
  • Hoy en día, el papel texturizado y los acabados especiales ayudan a que una tarjeta cuente tu historia, y un código QR la conecta con tu mundo online.

Antigua China: grabar un nombre en madera

Ancient Chinese Business Card
[Crédito de la imagen: Hovhannes Toumanian Museum]

Algunos de los primeros antepasados de la Tarjeta de Visita estaban hechos de bambú y madera, y más adelante se emplearon seda y papel. En China, estas presentaciones escritas servían para identificar a un propietario y concertar una reunión. 

Las tarjetas de visita de madera recuperadas de la tumba del general chino Zhu Ran datan del siglo III, durante el periodo de los Tres Reinos de China. 1.800 años después, sus inscripciones todavía identifican al propietario y envían un saludo. 

Siglo XVIII: el arte de presentarse

18th century Business Card
[Crédito de la imagen: Wikipedia]

Hacia 1760, la gente más vanguardista de Francia e Italia utilizaba tarjetas de visita impresas decoradas con imágenes y espacio para anotar datos escritos a mano. Las tarjetas servían para anunciar una visita, iniciar una relación o hacer saber a alguien que habías pasado a saludar.

Los diseños iban de tipografías sencillas a más elaborados grabados. También se prestaba gran atención al protocolo. En la Gran Bretaña de la Regencia, doblar una esquina de la tarjeta indicaba que se había entregado personalmente. Un “No estoy en casa” podía significar que el anfitrión no recibía visitas, aunque estuviera en el piso de arriba. 

Que te ignoren sin explicación es muy anterior a internet.

Siglo XIX: las tarjetas comerciales se llenan de color

19th century Business Card
[Crédito de la imagen: Cornell University Library]

Junto a las presentaciones sociales, las empresas empezaron también a sacar partido a las tarjetas. Las tarjetas promocionales surgieron en Europa ya en el siglo XVII, para informar a los clientes sobre los productos que vendían y dónde encontrarlos. El grabado y el aguafuerte permitieron plasmar en papel diseños realmente detallados.

En el siglo XIX, la cromolitografía incorporó colores vivos, impresos por capas a partir de piedras entintadas individualmente. 

La gente coleccionaba coloridas tarjetas comerciales de cartón en álbumes y las intercambiaba para completar colecciones. Estos pequeños anuncios se habían convertido en objetos que la gente quería conservar.

Y la producción también se aceleró. En 1889, Oscar Friedheim lanzó una máquina de corte y hendido capaz de producir hasta 100 000 tarjetas de presentación y Tarjetas de Visita al día, y esto son muchísimas presentaciones.

Los 80: el diseño a tu alcance

A digital Business Card
[Crédito de la imagen: Computer History]

El auge de la autoedición a mediados de los 80 ofreció a más empresas herramientas para editar texto e imágenes en un ordenador. Programas como PostScript de Adobe ayudaron a convertir esos diseños en nítidas impresiones. 

En los años siguientes, las direcciones de email y las páginas web se sumaron a los cargos, las direcciones de oficinas y los números de teléfono en la tarjeta, ofreciendo más maneras de mantener viva la conversación.

Siglo XXI: más allá del rectángulo 

MOO Mini Business Cards

Cuando MOO se lanzó en 2006, queríamos poner el buen diseño al alcance de todos. Las Tarjetas de Visita llevaban siglos utilizándose para presentarse. Y vimos la oportunidad de hacer que esas presentaciones fueran más personales, empezando por las MiniCards.

Con Printfinity llevamos la idea más lejos, permitiendo incluir una imagen diferente en cada tarjeta de un paquete. La tarjeta podía mostrar así más de tu trabajo, y más de ti.

En 2012, lanzamos el papel Luxe, un papel laminado extra grueso y resistente. Nuestra gama de papeles ha seguido creciendo y ahora incluye MOO Feltmark, sutilmente texturizado, y MOO Eco Signature, sin laminado y fabricado con material 100 % reciclado.

Junto con los Acabados Especiales, como el Estampado Oro y la Reserva Brillo con Relieve, estos avances dieron al papel y al acabado más protagonismo a la hora de contar tu historia. Incluso un simple nombre y un número podían convertirse en algo encantador.

Hoy, un código QR conecta esa presentación física con tu mundo online. La tarjeta sigue cumpliendo su función milenaria, solo que ahora ofrece más maneras de mantener viva la conversación.

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