8 maneras de convertir una lluvia de ideas en una experiencia agradable

El silencio. La mente en blanco. El incómodo contacto visual. Cómo organizar tus sesiones de ideas.

Person holding die cut sticker at a workshop.

Si hay algo peor que la “diversión forzada”, sin duda es una lluvia de ideas mal planificada. El vacío mental. El silencio. El miembro sénior del equipo que no deja de hablar. Tanta mirada incómoda.

Pero a los MOOsters nos encantan las buenas sesiones de brainstorming porque hemos descubierto cómo hacer que sean realmente útiles, en lugar de ser un ejercicio de improvisación mal organizado. La incomodidad a menudo se debe a expectativas poco claras, demasiada gente en la sala o a un entorno que no invita a pensar abiertamente. Si corriges esos elementos, solucionarás la sesión.

Con la gente, el estímulo, el entorno y la mentalidad adecuados, la lluvia de ideas puede ser lo que se supone que debe ser: un pensamiento colaborativo genuinamente productivo.

Aquí tienes nuestros ocho mejores consejos para organizar una lluvia de ideas espectacular y sacar el mayor partido a tu equipo y su sinfín de ideas.

Puntos clave:

  • Mantén el grupo pequeño: entre 5 y 7 personas producen soluciones más creativas que los grupos más grandes.
  • Sirve aperitivos: los cerebros hambrientos no piensan de forma creativa.
  • Haz preguntas específicas como “¿Cómo podríamos…?” en lugar de “¿Alguna idea?”.
  • Elimina la jerarquía.
  • Empieza con el pensamiento individual.
  • Haz que sea seguro compartir ideas a medio desarrollar: la seguridad psicológica impulsa un mejor rendimiento del equipo.
  • Usa criterios claros para evaluar las ideas: ¿resuelve el problema?, ¿es factible?, ¿se ajusta a tu marca?
  • Vota con Adhesivos para ver rápidamente y de forma visual qué ideas tienen más fuerza.
  • Haz siempre un seguimiento e informa a la gente de lo que ha pasado con sus ideas en el plazo de una semana.

1. Un grupo reducido

People at a brainstorm.

Parece contradictorio, pero a veces cuantos menos cerebros e ideas haya en la sala, mejor. Una sala abarrotada crea presión para rendir ante los compañeros, y ese es un estrés que nadie necesita. Es difícil pensar bajo presión o cuando sientes que todas las miradas están puestas en ti.

El psicólogo J. Richard Hackman sugiere que los grupos más pequeños, de entre cinco y siete personas, producen soluciones más creativas que los grupos más grandes. Con más de siete personas, se acaba empleando más energía en gestionar personalidades que en producir ideas.

Invita a una mezcla de gente que pueda contribuir de manera significativa a este problema específico, y también aquella con experiencia relevante o los que realizan el trabajo.

2. Sirve aperitivos

La parte más importante y atractiva de cualquier sesión de lluvia de ideas. La gente no piensa de forma creativa cuando tiene hambre. Sus cerebros están demasiado ocupados pensando cuánto falta para la hora del almuerzo. 

También dará algo que hacer a los participantes durante los incómodos descansos. Buscar un bocadillo resulta más natural que estar sentados en silencio, mirándose unos a otros.

Asegúrate de que haya agua y mucho café. Atender las necesidades básicas de los asistentes demuestra que respetas su tiempo y energía.

3. Preguntas claras

Person at event.

Para conseguir buenas respuestas, hay que hacer buenas preguntas. Si tu pregunta es “¿Alguna idea?”, lo más probable es que no consigas respuesta alguna.

Las preguntas concretas establecen los parámetros y proporcionan a la gente la estructura necesaria para ser creativa:

  • “¿Cómo podríamos llegar a diseñadores que nunca han oído hablar de nosotros?”
  •  “¿Cómo sería esta campaña si tuviéramos la mitad de presupuesto, pero el doble de tiempo?”
  •  “¿Cuál es la versión de esta idea que haría que nos despidieran?”
  • Cuanto más concreta sea la pregunta, mejores serán las ideas.

4. Olvida la jerarquía

La presencia en la sala de alguno de los jefes puede arruinar por completo una sesión de lluvia de ideas. Cuando el jefe habla primero, los demás tienden a acomodar sus sugerencias a lo que creen que el jefe quiere oír.

Si eres jefe, deja claro que estás ahí para escuchar, no para dirigir. Guarda tus opiniones para el final.

Y si estás moderando la sesión y el jefe no se calla, orienta la conversación con tacto y delicadeza hacia alguien que no haya tenido aún oportunidad de participar.

5. Tiempo para pensar individualmente

Employee writing on Notepad.

Empieza con cinco o diez minutos de reflexión individual. Reparte Notepads y pide a los participantes que piensen primero en ideas por su cuenta. Recuerda mencionar el problema que se está intentando resolver, cualquier limitación (presupuesto, plazos, público) y cuál sería el resultado.

Deja que los extrovertidos anoten con entusiasmo todas sus ideas, y concede tiempo a los introvertidos para meditar. Esto equilibrará la sesión, impidiendo que los participantes más sociables la dominen de inmediato y dando espacio a los más reservados para desarrollar sus ideas.

6. Idear sin juzgar

MOOsters working together in office.

Una vez que todos hayan tenido tiempo para pensar, pídeles que escriban sus ideas más prometedoras en Postales (una idea por tarjeta) y las peguen en la pared.

El objetivo es que las ideas fluyan sin ser evaluadas o criticadas. Estudios psicológicos demuestran que los equipos rinden más cuando la gente se siente segura asumiendo riesgos juntos. En una sesión de lluvia de ideas, eso significa sentirse seguro sugiriendo una idea incompleta sin temor al rechazo.

Una vez que lo tengas todo anotado, tómate un descanso. Ve a comer. Deja descansar a tu cerebro.

7. Decidir qué ideas vale la pena implementar

Una vez que todos se hayan tomado un descanso, es hora de valorar. Usa criterios claros para evaluar cada idea:

  • ¿Resuelve el problema?
  • ¿Es factible con tus recursos?
  • ¿Se ajusta a tu marca?

Evita descartar cualquier cosa que te pueda parecer rara, a veces, los conceptos más sólidos surgen de aventurarse a lo inesperado.

Si estás moderando la sesión, intenta darle un tono positivo al lenguaje:

  •  “Interesante. ¿Y si lo llevamos más allá?”, en lugar de “Dudo que funcione”.
  •  “Partiendo de ahí, ¿qué tal si…?”,  en lugar de  “Ya lo hemos intentado antes”.

Reparte Adhesivos y pide a los participantes que los peguen junto a las ideas que les parezcan más prometedoras. Así podrás ver de un vistazo qué ideas tienen futuro.

8. Seguimiento adecuado

Nada acaba más rápido con el entusiasmo que pasar una hora en una sesión de lluvia de ideas y no ver después ningún resultado. Esto puede hacer pensar a la gente que no se valora su contribución.

Haz un seguimiento durante la semana siguiente a la sesión de ideas. La impresión puede ayudarte, un Flyer en el escritorio de alguien resulta más eficiente que otro email en cadena. Un simple mensaje escrito a mano puede atar los cabos sueltos:

“Esto es lo que vamos a implementar y por qué. Tus aportaciones han contribuido a mejorar el trabajo. Gracias”.

Demostrarás respeto por el tiempo de la gente y aumentarás las probabilidades de que contribuyan con entusiasmo la próxima vez, porque tienen la certeza de que sus ideas son útiles y se toman en cuenta.

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